Y el verbo se hizo carne
Iaderosa, Néstor Alberto
En el núcleo de esta composición, se observan las figuras, por momentos esbozadas, de la Sagrada Familia, estableciendo un foco de intimidad y refugio. Esta centralidad humana se ve envuelta por formas gestuales que, al alejarse hacia la periferia, abandonan la definición anatómica para convertirse en una estructura orgánica y protectora.
Las figuras se reducen a signos esenciales, rostros, manos y volúmenes, eliminando el detalle anecdótico para privilegiar la lectura simbólica. El equilibrio surge de la tensión entre diagonales rígidas y curvas maternales, mientras el blanco funciona como espacio lumínico activo que modela las presencias.
La economía visual transforma la escena en una representación estilizada y contemporánea de este tema religioso tradicional, donde la materialidad del grabado se vuelve metáfora de la encarnación misma: lo invisible adquiriendo forma tangible.